Crear empleo de manera sostenida en España va a ser la prioridad del nuevo Gobierno y sin duda será la vara de medir de esta nueva legislatura. Muchos son los que se están apresurando a reclamar medidas inmediatas a Mariano Rajoy. Una de las principales reivindicaciones de la patronal, del sector financiero e incluso de las más altas autoridades europeas es realizar una reforma laboral profunda que flexibilice el mercado y fomente la contratación.
Parece lógico que con una tasa de paro del 25 % sea necesario reformar nuestro marco laboral pero más allá de lo que dictan la intuición y el sentido común, ¿es la solución al desempleo fomentar contratos más flexibles y salarios más exiguos? Sin duda, habrá una mejora en las cifras de la contratación pero, ¿es realmente lo que nuestra economía necesita? ¿Es el marco laboral el problema de base de nuestra economía?
Un adecuado marco laboral permite maximizar contratación en periodos de expansión económica y ayuda a buscar alternativas al despido cuando se produce una desaceleración de la actividad pero estos formatos legales no crean o destruyen empleo per se. Cualquier persona bregada en el mundo de la Exportación y el Comercio Internacional sabe que el éxito de una empresa, y casi si me apuran de un país, depende de su competitividad, y esta competitividad no significa necesariamente precios ni salarios bajos sino ser capaz de articular una propuesta de valor de forma diferenciada respecto a la competencia.
A día de hoy el principal problema de la economía es nuestra falta de competitividad y nuestra baja productividad. Una economía intoxicada por el éter inmobiliario, basada en vendernos pisos los unos a los otros y que acabó arrastrando todo nuestro tejido productivo y financiero. Del año 2000 al año 2007 nuestros salarios subieron de manera nominal pero no así nuestro poder adquisitivo que fue disminuyendo debido a la inflación y, lo peor, torpedeando nuestra competitividad. Asimismo aquellos recursos que se podían haber destinado a incrementar nuestro diseño, nuestro I+D, nuestra eficiencia y nuestro valor acabaron encerrándose en cemento.
Una reforma laboral eficaz siempre será bienvenida pero si nuestra economía no es capaz de ser competitiva dentro de un mercado internacional no servirá para crear empleo de manera sostenida. Las exportaciones son una excelente oportunidad para nuestras empresas y, en definitiva, para nuestra economía. Para volver a la senda de la recuperación económica, lo ideal sería recuperar competitividad, no a través de precios bajos (y salarios bajos) sino a través de la creación de valor (y salarios más altos y acordes con la productividad); pero mucho nos tememos que los globos sondas que se están lanzando auguran que los primeros pasos se darán por el primer camino. Puede que no nos quede otra opción en el corto plazo pero debe quedar claro que el horizonte a medio plazo es recuperar nuestra competitividad internacional.
Pablo Vergel











