Un minuto puede ser un espacio de tiempo extremadamente corto o tan largo que parezca eterno; puede no ser importante o ser el más importante de tu vida y, por último, está ese minuto importante y largo para ti, pero que debe ser corto, impactante y que deje con ganas de más al que tienes enfrente. Este minuto es el que a mí particularmente me encanta por ser un reto personal y al que quiero restarle dificultad cuando hablamos en público.

Hablar frente a una audiencia, es una habilidad directiva cada vez más necesaria en el mundo empresarial. Ya sea a la hora de captar clientes, reuniones importantes, alumnos en clase, presentaciones de proyectos, etc  necesitamos tener a la audiencia expectante y son muchos los que pasan un trago amargo cuando tienen que ponerse delante de más personas  a hablar, pese a ser un tema que controlan perfectamente.

Lo que te puedo asegurar es que, aunque tengamos una hora para hablar o cuatro, es indiferente porque el primer minuto es el crucial para causar una buena impresión, dejar a la audiencia impactada, relajar los nervios y resumir en pocas palabras lo que vas a decir.

Entre 160 a 180 palabras son las que tienes que preparar a la perfección, sin apuntes, mirando a los ojos, sin ordenador ni proyector, sonriendo y siendo claro con tus ideas y con tu voz, confiado y preciso. El resto ya es cuestión de estructura y ahí se permiten más fallos porque ya los tienes entregados a lo que quieras contar.

Lo mejor de hablar en público, es que tienes a unas personas encantadísimas de escucharte, han venido a oírte y ya sea que quieran o deban estar ahí, lo importante es hacerles la estancia agradable como si fueras el anfitrión en una fiesta y, una de las claves es, como en toda celebración, que ellos también quieren participar por lo que implicarles es una manera en la que a ti te da tiempo a callar y seguir ordenando ideas que vengan a tu mente. De todas las charlas que he dado siempre aprendo algo y, pasado el primer minuto, sería raro que no me lo pasara en grande.

Hay consejos de todo tipo, desde ver a la audiencia desnuda hasta mirar al fondo de la sala pero, te puedo asegurar, que una vez superados esos 60 segundos, el resto sale fluido y sin problema. Plantéalo de la siguiente forma: 180 palabras, un minuto y todo acaba.

Sudar, ponerse rojo, temblar la voz o quedarse en blanco, son los mayores miedos que suele comentarme la gente que les pasa cuando tienen que hablar en público y para todo hay trucos. Cuando los analizas te das cuenta que son comunes, les puede pasar a cualquiera y, ante todo, no es para tanto y, cuando sabemos perfectamente de lo que hablamos, son obstáculos fácilmente superables.

Prepara a fondo esos 60 segundos delante de gente que no sea subjetiva, que te saque defectos, virtudes y que te diga la verdad sin tapujos y, una vez lo tengas, encárgate del resto y disfruta porque ¿cuántas veces nos escuchan con tanta atención durante horas siendo el centro de atención? Lo que dices es importante y a los demás les gusta que se lo cuentes.

Es tu fiesta así que resta importancia a si se te olvidaron las servilletas y recíbelos en la puerta con champagne, ya verás como cuando saques papel de cocina la gente dirá que eres muy original. Una vez cautivados en esa entrada, es difícil perderlos porque te quedaste en blanco  en el supermercado durante un minuto, y es que, un minuto no es para tanto.

Lorena Gil, imparte Habilidades Directivas en la Carrera en Marketing, Comunicación y Dirección Empresarial en ESUMA

11 may 2012